En el marco del seminario en que se presentaron los resultados de la evaluación del Programa “A Convivir se Aprende”, la jefa de la División de Educación General del Ministerio de Educación, Magdalena Plant, destacó la importancia de que la comunidad educativa completa se comprometa con el trabajo en convivencia educativa.
“La convivencia educativa no puede depender de la heroicidad individual. Necesita sistemas, capacidades institucionales, redes de apoyo y una mirada preventiva que llegue antes del conflicto, no solo después. Y eso es precisamente lo que el programa A Convivir se Aprende ha venido a instalar: un modelo de acompañamiento situado pertinente a la realidad de cada establecimiento educativo, que trabaja en red y fortalece a los equipos, para que la convivencia deje ser tarea de una sola persona y se convierta en una responsabilidad compartida por la comunidad”, sostuvo la autoridad del Ministerio de Educación.
La jefa de la División de Educación General agregó que “la convivencia no es un complemento del aprendizaje, es una condición esencial. La buena convivencia habilita el aprendizaje y el aprendizaje fortalece la cultura escolar, donde todos quieren estar y dar lo mejor de sí mismos. Por eso, es un error seguir pensando que lo académico y lo formativo son dos ámbitos separados, que compiten por tiempo y recursos. No lo son. Son dimensiones de la misma acción docente”.
En el seminario sobre el impacto de A Convivir se Aprende se presentaron los resultados de la investigación realizada por el Centro de Sistemas Públicos, del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile sobre el impacto de esta iniciativa en los establecimientos que participaron en la cohorte 2023-2024.
En este contexto, Magdalena Plant explicó que este año comenzará una nueva versión de esta iniciativa, la que se espera implementar en 20 comunas a nivel nacional.
Evaluación
En cuanto a los resultados de la evaluación de A Convivir se Aprende, ejecutado entre los años 2023 y 2025, se obtuvieron a partir diversas encuestas que se aplicaron en la Fase inicial (primer año de implementación y en la Fase de continuidad (segundo año). Entre ellas, figura una medición que apuntó a la valoración de los componentes del programa y el fortalecimiento de las capacidades en la escuela; otra recogió información sobre las prácticas en convivencia y los principales problemas registrados, mientras que una tercera, recabó datos sobre el grado de institucionalización de las prácticas las que iban desde “no existe” a “está institucionalizada”.
Respecto de la valoración de los componentes de A Convivir se Aprende, la valoración positiva de las redes territoriales subió de 87,5% en la fase inicial a 89,5% en la de continuidad. En el mismo periodo, las opiniones “de acuerdo” o “muy de acuerdo” respecto de la afirmación de poseer herramientas para gestionar la convivencia, subió de 85,1% a 90,3% entre las dos fases del programa.
En cuanto a los principales problemas de convivencia registrados por los establecimientos, en primer lugar, se encontró la violencia de entre estudiantes, la que bajó de 61,3% a 41,3% entre las fases inicial y de continuidad. La segunda situación más reportada fue el desgaste emocional del personal, la que también se redujo de un año a otro, de 58,1% a 45,3%.
Sobre las prácticas, el estudio de Centro de Sistemas Públicos de la Universidad de Chile mostró que en el primer año del programa primaban las respuestas reactivas, como la activación de protocolos (74,5%), mediación (73,5%), apoyo psicosocial (65,4%), mientras que en la etapa de continuidad se pasa a privilegiar medidas de prevención, como la capacitación del personal -que pasa de 28,8% a 58,9% de un año otro, la aplicación de sanciones formales (73,8%) y la derivación a organismos especializados(70,7%).
También se institucionalizan prácticas como la resolución pacífica de conflictos y la realización de procesos participativos.
Uno de los establecimientos que formó parte de la primera cohorte (2023-2024) de A Convivir se Aprende, es la Escuela Básica Pacto Andino de Estación Central. Su director Miguel Hermosilla, asumió el cargo al mismo tiempo que se inició el programa, lo que constituyó un apoyo a su gestión.
“La comunidad estaba cerrada a la familia, entonces no existía esa línea de trabajo general con familia, estudiantes, funcionarios, escuela, sino que era más bien la escuela cerrada, sumergida en los problemas. Los papás no se enteraban de lo que pasaba adentro, había un desconocimiento. Había problemas de violencia, me tocó al principio tener peleas de sable, de pistola, de todo tipo fuera del colegio, porque el territorio es complejo”, explicó el director.
En este sentido, destacó que al participar en A Convivir se Aprende de manera focalizada y como parte de la red, tuvieron apoyo del equipo de la Universidad Católica, que implementó el programa en la Región Metropolitana. “Nos ayudaron en todo tipo de cosas, desde lo instrumental, de ayudarnos a armar un plan de convivencia educativa que fuera acorde con lo que nosotros necesitábamos, que fuera algo más que declarativo, sino que fuera vinculante a lo que nosotros hacíamos dentro del espacio y que incluyera a todos los actores de la comunidad”, dijo Hermosilla.
El trabajo rindió frutos ya que “mejoramos los resultados, nos posicionamos como los mejores resultados dentro del territorio. También de participación, de asistencia de los estudiantes, del vínculo de la familia”, explicó el director, quien contó además que han utilizado las redes sociales para difundir el trabajo del establecimiento, generar vínculo con las familias y con el resto de los colegios de su territorio.